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HOMELESSPAGE: Asociaciones ilícitas - el Palacio de los Soviets de Le Corbusier
. Este artículo tiene 1.344 palabras. Palabras Clave: Le Corbusier. Palacio de los Soviets. Moscú. |
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Asociaciones ilícitas - el Palacio de los Soviets de Le Corbusier. Por Josep Quetglas En su primera visita a Nueva York, a Le Corbusier los rascacielos le parecieron pequeños, bajitos. En cambio la palabra clave para entender la Unión Soviética de finales de los años Veinte era, para él, "GRANDE". Lo explica en un artículo que publica, primero en la revista Prélude, en 1932, y luego en su libro La Ville Radieuse, en 1935, comentando la sorpresa que le produjo aprender que en la raíz de la palabra "bolchevique" estaba el concepto de "grande" y su superlativo. Desde este sentimiento confesado, creo que es posible intentar comprender uno de los proyectos de Le Corbusier más enigmáticos y peor explicados: el que presenta al concurso del Palacio de los Soviets, en 1931, y cuyo fracaso al ser ganado por un pastiche clasicista supuso el final de la identificación entre arquitectura moderna y Unión Soviética, y mereció uno de los comentarios más desoladamente desengañados de Le Corbusier. (1)
"Bolche!" Le Corbusier no acostumbra a explicar el origen figurativo de sus proyectos, aunque deja discretamente suficientes claves para que puedan descubrirse. En el edificio del Centrosoyus, por ejemplo, al tiempo que hace pública profesión de fe de antisimbolismo y eficacia estrictamente constructiva, defendiéndose de las acusaciones de formalismo que recibe por parte de los arquitectos "funcionalistas" centroeuropeos, Le Corbusier publica sin comentarios una fotografía de la maqueta, vista en picado, donde se descubre lo que ningún visitante puede sospechar: que el edificio, sede de los sindicatos, reproduce el aspecto de un obrero estrafalariamente moderno, embutido en su casco, mono y manoplas, trabajando sobre una mesa de tecnología fantacientífica. En el palacio de los Soviets las asociaciones reconocidas por la crítica han sido más escasas. Hasta ahora ha sido señalada la más evidente: la deuda con el ingeniero Eugène Freyssinet, que construye en 1923 el puente sobre el Sena en Saint-Pierre du Vauvray y el hangar de dirigibles en Orly, entre 1917 y 1921, que Le Corbusier ya había publicado, apenas iniciada su construcción, en la revista L'Esprit Nouveau.
Pero la obra de Freyssinet no puede aceptarse como estímulo imaginario del palacio de los Soviets, sino sólo como su posibilidad constructiva, su comprobación práctica. Jean-Louis Cohen, en su monografía Le Corbusier et la mysthique de l'URSS, además de referirse a Freyssinet, advierte otra asociación. La cubierta de la sala mayor, la de los 15.000 asistentes, está sostenida por una estructura asimétrica. A un lado está el gran arco de hormigón "a la Freyssinet", del que por medio de cables cuelgan ocho enormes vigas articuladas que, en su otro extremo, se apoyan sobre pilares inclinados. Las dos figuras, es decir el arco parabólico y la nerviosa línea quebrada de las vigas y pilares, son asociadas por Cohen al trazado de un emblema adecuado a la ocasión: la hoz y el martillo, caracterizados cada uno por la curva de la hoja de la hoz y el quiebro a noventa grados entre mango y cabeza del martillo. No está mal, puede ser cierto, pero hay que poner los ojos un poco demasiado "cubistas" para llegar a ver la gigantesca parada de los martillos y la hoz.
En mi opinión ése es el origen del arco parabólico de hormigón. Es, agigantado, el sistema local de collar de los animales de tracción, que cualquier ruso del tiempo reconocía inmediatamente. El edificio, así, se convierte en un inmenso carro, que se extiende para servir a todo el pais, sin bueyes ni caballos, sino puesto en marcha por el esfuerzo, el entusiasmo, la tenacidad que millones de personas estaban manifestando en aquellos años. No un arco de triunfo, una escenografía pasiva y declamatoria, sino un instrumento de trabajo y acción, una máquina de transformar el mundo. No se construyó. Sí en cambio ese otro carromato, bien distinto, que, pocos años después, arrastraba dando tumbos Madre Coraje por los campos en guerra. Josep Quetglas (1) Cfr. la carta a Anatoli Lunacharsky, del 13 de marzo de 1932. Publicada en: J.L.Cohen, Le Corbusier et la mystique de l'URRS, ed. Mardaga, Bruselas, 1987, pág. 233. |
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